El ciclo de la vida

Las fases de la enfermedad son dos. Toda enfermedad consta de estas dos fases. Pero antes de comenzar a hablar de ellas es necesario saber algunas cosas básicas sobre el sistema nervioso simpático. Por ejemplo, por qué tiene ese nombre que tantas veces nos parece poco apropiado. Te recomiendo que antes de seguir leyendo este artículo sobre las fases de la enfermedad, leas este otro artículo.

Ahora tenemos que pararnos a observar que existe algo llamado el ritmo de la Naturaleza, y que cada uno de los seres y elementos que la componen forma parte de él, aun teniendo ritmos propios. Está claro que no tenemos el mismo ritmo de vida los hombres, los perros, las tortugas, las rosas, las secuoyas, o las montañas… Cada especie tiene sus propios ciclos vitales y por ejemplo, en nuestro caso (coincidiendo con muchos animales), los hombres tenemos claramente definido un ciclo diurno y un ciclo nocturno. Aunque actualmente no los cumplamos así, biológicamente son dos ciclos diarios de 12 horas cada uno.

El ciclo diurno se conoce como simpaticotonía o fase simpática. Mientras, al ciclo nocturno se le llama vagotonía o fase parasimpática. A la alternancia normal de ciclos diurnos y nocturnos la llamamos normotonía. Esta sería la gráfica que refleja los ciclos de vida, en situaciones de normalidad, del ser humano.

Fases de la enfermedad: normotonía

Fases de la enfermedad: normotonía

La vida consta de noche y día y, si no estamos influenciados por motivos sociales, laborales, de estrés o de enfermedad, estamos programados para descansar durante la noche y movernos durante el día. En los animales que comparten nuestra vida se aprecia mejor: los perros comienzan su periodo de reposo mucho antes que nosotros, respetando lo que su naturaleza les pide: 12 horas de descanso, que no quieren decir solo de sueño, sino también de relajación, de una actividad mas tranquila y relajada que la desarrollada durante las 12 horas de simpaticotonía.

La fase simpática o fase activa

La simpaticotonía es la primera de las fases de una enfermedad. Es llamada también fase simpática o fase activa. A lo largo de la evolución el hombre se ha dedicado a la caza, la recolección, el aprendizaje (especialmente en el caso de los niños), la exploración de nuevos territorios o la fabricación de nuevas herramientas. Todas esas actividades tienen lugar durante el día. Durante el desarrollo de estas actividades estamos mucho mas expuestos a sufrir ataques de otros animales, a correr riesgos y en general, a sufrir daños. Por ello la fase diurna es una fase activa, de alerta. Nuestro organismo está biológicamente preparado para tener que luchar o huir en caso de necesidad.

Es decir: durante los ciclos de vida normales, durante la normotonía, la fase activa favorece la vigilia, el ataque, la alerta, la activación de los sentidos físicos.

La fase parasimpática o fase de reparación

La fase nocturna o de vagotonía es exactamente lo contrario: 12 horas dedicadas al descanso, a la recuperación de fuerzas. No son 12 horas dedicadas al sueño, sino también a otras actividades tan importantes como la interacción con la tribu, los compañeros, la familia, la pareja y por supuesto, las crías. Si durante la normalidad la fase simpática favorece la activación de los sentidos físicos, la fase nocturna es una fase que propicia la activación de los sentidos emocionales.  Es en este período cuando nos dedicamos a la reproducción, a reunirnos en torno al fuego a contar historias familiares, a preocuparnos de una forma íntima por quienes nos rodean…

En esta parte del ciclo biológicamente somos mas vulnerables, debido a que nuestros sentidos tienen peores condiciones. A cambio, la permanencia en grupo nos ayuda a resguardarnos y protegernos mientras recuperamos fuerzas para el día siguiente, y a desarrollarnos emocionalmente.

Evolutivamente, una de nuestras necesidades básicas, la reproducción, nos hace vulnerables al ataque de un depredador, motivo por el cual somos mas proclives a desarrollarla en esta fase parasimpática, en la que contamos con la protección mas o menos cercana de la tribu y la activación mas o menos desarrollada de la cercanía emocional.

Está claro que ambos ciclos, diurno y nocturno, son complementarios e indispensables. No podríamos desarrollar una vida normal si viviéramos siempre en uno de ellos, puesto que esto produciría alteraciones importantes en nuestra vida, como a continuación veremos.

El conflicto biológico en la naturaleza

Para entender qué es un conflicto biológico o emocional lo mejor es poner un ejemplo. Imaginemos una leona tratando de cazar una gacela. Está exhausta después de haber parido 3 cachorros y de darles de mamar durante varios días, así que necesita comer para mantenerse con fuerzas. También para seguir alimentando a sus crías, por supuesto. Pero cuando llega con la gacela al lugar donde ha dejado a sus cachorros los encuentra muertos. Un león los ha matado, sabiendo que no son sus hijos, para que la leona vuelva a entrar en celo y aparearse con ella. De esa forma se asegura la supervivencia de su clan, y no de otro macho.

Obviamente, la leona vive un importante conflicto biológico, o conflicto emocional, como cualquier madre que pierda a sus crías.

Los conflictos son situaciones que vivimos que afectan a nuestras necesidades básicas:

  • Supervivencia: problemas que pongan en riesgo nuestra vida.
  • Territorio: peligros que pongan en riesgo nuestro “nido” o refugio, incluyendo a nuestros compañeros y crías.
  • Reproducción: problemas para nuestra supervivencia como especie, es decir, que afecte a nuestra capacidad reproductiva. Por ejemplo, conflictos de no ser capaces de imponernos a otros machos.
  • Alimentación: problemas para conseguir alimento.

Esos son los cuatro tipos básicos de conflicto que podemos desarrollar en la naturaleza. Aunque actualmente la evolución social (no biológica) nos ha llevado a desarrollar otros problemas, de alguna manera todos ellos podrían encuadrarse en alguno de esos cuatro tipos fundamentales.

El conflicto biológico en el hombre actual

Como ya sabemos, todas las enfermedades, dolencias, incomodidades, malestares… tienen su origen en una situación que hemos vivido y que no hemos gestionado emocionalmente de forma correcta. Dicho de otra forma, hemos vivido un conflicto emocional. Este conflicto emocional se muestra en el cuerpo con forma de un conflicto biológico. Ante ese conflicto o shock nuestro organismo intentará adaptarse, y pondrá en marcha los sistemas necesarios para esa estrategia de adaptación.

Por ejemplo, perdemos a nuestra pareja por la llegada de un macho mas joven y fuerte, y nos vemos expulsados de nuestro territorio. Esta dramática situación ocurre de manera imprevista, sin que podamos prepararnos para ello. Aunque socialmente esto no supone un riesgo vital, biológicamente es una de las situaciones que supone un mayor estrés puesto que nos encontramos solos, desprotegidos, sin apoyo ni refugio y por tanto, biológicamente estamos en peligro de muerte. Si no gestionamos emocionalmente bien esta situación, puede desencadenarse un conflicto biológico o emocional muy importante.

La fase activa de un conflicto

Es la primera de las fases de la enfermedad. Ante un panorama como el del ejemplo, nuestro organismo entra en fase simpática, y se mantendrá así hasta que no resolvamos esa situación de emergencia. Podemos verlo gráficamente ver en la imagen siguiente. Esa activación del sistema simpático supone una valiosa ayuda para afrontar el problema: nuestro organismo activa todos los sistemas de alerta, puesto que estamos en una situación muy desfavorable: fuera de nuestro territorio, sin apoyo para defenderme en caso de lucha, sin zonas de caza conocidas y sin perspectiva o posibilidad de asegurar la supervivencia de mis genes.

Esos sistemas de alerta suponen numerosos cambios a nivel orgánico, por ejemplo una bajada de la testosterona y un aumento del cortisol. En la práctica tendremos dificultad para conciliar el sueño (que nos hace vulnerables), para mantener relaciones sexuales (que es secundario en ese momento), un aumento de la sensibilidad y los reflejos para reaccionar ante estímulos que puedan significar un ataque, etcétera. El individuo estará mas irritable, nervioso, y sus manos y pies estarán generalmente muy fríos. Por ello a esta fase se la conoce también como fase fría.

Fases de la enfermedad: fase simpática

Fases de la enfermedad: simpática

La fase de resolución de un conflicto

Es la segunda de las fases de la enfermedad. Pasado cierto tiempo, el individuo encontrará un nuevo territorio en el que asentarse. Poco a poco irá reconociendo y dominándolo, conociendo sus zonas de caza, sus lugares de descanso… y en algún momento, encontrará otra hembra con la que aparearse. Ese momento supondrá el fin del conflicto de supervivencia que habíamos vivido, y por lo tanto, el fin de la fase simpática. En ese mismo momento da comienzo la fase parasimpática o fase de resolución.

Estamos en un período en el que el cuerpo “reparará” todo lo que se alteró durante la fase simpática. Si durante el conflicto vivimos en un estado de alerta, ahora el cuerpo pretenderá descansar y recuperarse. Por eso, también llamaremos a esta fase vagotónica o fase de vagotonía. La duración de esta fase suele ser tan larga como lo fue la fase simpática, y su intensidad será tanto mayor cuanto mayor fue el impacto que nos ocasionó el conflicto.

Esta fase se caracteriza por ser un periodo en el que tendremos menos fuerzas: nuestro organismo necesitará dormir mas horas de lo habitual, el pulso se ralentiza, el sistema digestivo retoma la normalidad, los sentidos se relajan, la respiración se vuelve mas lenta… es la fase caliente de la enfermedad, cuando aparece la fiebre, además de otros efectos en órganos internos. Podemos ver como representarlo en la imagen siguiente, donde vemos como, una vez terminada la fase simpática y la fase parasimpática, el organismo vuelve a la normotonía, al ritmo normal día/noche.

 

Fases de la enfermedad: fase parasimpática

Fases de la enfermedad: parasimpática

La vuelta a la normalidad

En la Naturaleza, tras un conflicto como el que hemos estado viendo, nuestro animal pasará unos pocos días escondido, comiendo lo que tenga cerca y durmiendo mucho. Así su cuerpo recupera la homeostasis, el ritmo normal de la vida. Con el fin del proceso, como vemos en la imagen anterior, vuelve el ritmo día/noche, simpaticotonía/parasimpaticotonía. Así finalizan las fases de la enfermedad y se recupera la vida normal.

Pero esto se complica un poco si en lugar de ser un animal es una personas porque las personas rara vez tenemos ya conflictos que afecten a nuestra supervivencia. Sobre la forma de vivir los conflictos que tenemos los humanos actualmente hablaremos en futuros artículos.

¿Cómo saber en qué fase me encuentro?

Toda enfermedad tiene estas dos fases que hemos explicado en este artículo. En algunos casos, la mayor sintomatología, o la mas notable, se da en la fase activa. Pero en muchas enfermedades la fase activa es una fase asintomática, y los síntomas se perciben en fase de resolución. En cualquier caso, la enfermedad siempre responde a una necesidad de adaptación del cuerpo a un conflicto biológico o emocional vivido. A lo largo de los artículos que voy compartiendo ya he explicado algunas enfermedades que manifiestan dan en fase activa, y otras que se perciben en fase de resolución. Si tú no sabes a que fase corresponde lo que estás pasando, puedes escribirme y trataré de informarte con mucho gusto.

Algunas enfermedades con síntomas notorios en fase activa: diabetes, ELA, miopía, cáncer de páncreas, cáncer de pulmón, fibromas, obesidad, asma, hirsutismo…

Enfermedades mas notables en fase de resolución: carcinoma ductal, cáncer de colon, tuberculosis, tendinitis, inflamaciones, gripes, “colesterol“, hepatitis, cistitis…
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