Este post es una narración de situaciones reales vividas con Juan y su madre, Macarena (nombres ficticios). Juan tiene otitis con frecuencia, y a Macarena le estaba contando lo mismo que cuento en el post El conejo zurdo, para explicarle porqué a Juan le duele el oído “de su madre” cuando le duele el oído derecho, porque Juan es zurdo.

¿Por qué le duele tan a menudo el oído a Juan? Cuando fuimos conscientes de que la otitis era habitual en él fue a la vuelta de unas vacaciones en Canarias, cuando me contaron que, al despegar el avión, a Juan le dolían mucho los oídos. Entonces yo me di cuenta, porque ya había viajado con Macarena en avión, de que el momento del despegue supone una fuerte carga emocional para ella, por circunstancias que no viene al caso relatar ahora. Aquel día Juan tenía 9 años y yo le llamé y le pregunté si se acordaba de la primera vez que había viajado en avión; su madre intentó cortarme:

  • Cómo se va a acordar, Gerardo, la primera vez tenía 3 años.

Pero Juan se acordaba perfectamente:

  • Si mamá, si me acuerdo, llevaba una camiseta verde. Su madre estaba asombrada.
  • Y tú ibas sentado encima de mamá o en tu asiento?, pregunté yo.
  • Yo iba en mi asiento, en medio, y al otro lado iba una señora.
  • Pues ahora fíjate bien, y dime que tenía mamá dentro cuando despegaba el avión.

Y en ese momento Juan cerró los ojos y se tapó los oídos, sacudiendo la cabeza con gesto de dolor, se levantó y se fue corriendo.

Es decir, que Juan no solo recordaba absolutamente todo lo ocurrido durante ese despegue, sino que además todavía era capaz de sentir perfectamente la angustia que su madre tenía dentro. Así que cada vez que Juan se sube en un avión y despega, siente que sus oídos van a estallarle.

Una otitis repetida en un niño es un mensaje de que algo no va bien "en sus mayores"

Una otitis repetida en un niño es un mensaje de que algo no va bien en los adultos

Pero no solo eso… Yo he observado que cada vez que Juan tiene que quedarse en casa porque le duelen los oídos, sin ir poder ir al colegio, es porque días antes su madre ha estado especialmente angustiada. Así que lo tenía claro cuando ayer me dijo que Juan estaba otra vez con otitis.

  • En el derecho, ¿verdad?
  • Si, ¿cómo lo sabes?
  • Porque es zurdo, así que el oído “de su madre” es el derecho… y se que es el tuyo porque estos días lo has estado pasando mal. ¿A que has estado llorando con mucha intensidad estos días?
  • Si…
  • Pues por eso le duele el oído a Juan: cada vez que siente que tú dejas de respirar, como cuando lloras así, “en bucle”, a él le duele el oído derecho.

Como le parecía imposible que ambas cosas estuvieran relacionadas, se lo expliqué de la siguiente forma:

  • Lo primero, tienes que decirme si tú alguna vez has “sentido” que a Juan le pasaba algo, sin que hubiera una razón “visible” para ti en ese momento. (Yo juego con ventaja al decirle esto, porque ya se que esto es así: muchas veces Macarena me había dicho que no estaba tranquila, y que sentía la necesidad de llamar a Juan cuando él estaba con su padre, y la mayoría de las veces ocurría algo: o Juan estaba enfadado con su padre, o había ido a casa de su abuela, o algo mas o menos “raro”. Después de ver algunos ejemplos, ella reconoce, obviamente, que existe una intuición, una corazonada… “algo”, que a ella le dice que a Juan le pasa algo. Así que también puede aceptar que Juan también perciba esas corazonadas si a ella le pasa algo).
  • Esas corazonadas de las que hablamos ahora, ¿sabes como se llaman científicamente?
  • No
  • Se llaman 7,83 Hertzios, ¿te suena?
  • ¡Claro! ¡Es la famosa resonancia Schumann de la que ya me hablaste otras veces!
  • Exacto; entonces imagina que tú eres la mamá conejo, y Juan es una cría de conejo, y que tú has salido de la madriguera para buscar algo de comer. Ese día ocurre algo y tú te ves en serios apuros: te has cruzado con un zorro hambriento en el camino. En ese momento, todo tu organismo se pone en alerta total para defender tu vida, pero sin olvidar que tienes una cría en la madriguera, que sin ti estará indefensa. Estás en una situación de lucha por la vida y tu organismo activa un programa de “supervivencia total”. Ese programa incluye varias acciones automáticas o inconscientes, activadas por el sistema nervioso vegetativo, algunas físicas (por ejemplo: tu sistema digestivo, totalmente inútil en ese momento, se paralizará para dedicar toda la energía disponible a la huida) y otras inmateriales, como por ejemplo la emoción de miedo; y aun no sabemos exactamente de que manera se emiten esas ondas, pero lo cierto es que a través de la resonancia Schumann, esa onda que transmite tu miedo llega hasta Juan, tu cría.
  • ¿Y entonces, él que hace?
  • Pues él no sabe lo que está pasando, pero siente el peligro. No sabe dónde está su madre, no la ve ni la oye alrededor, así que su organismo también activa un programa de “supervivencia total” y tendrá que convertirse en una supercría de conejo para poder sobrevivir: así que en primer lugar, tiene que aguzar el oído todo lo posible, para intentar oír a su madre y buscarla, o bien para detectar el peligro si no la encuentra… Podríamos decir para entendernos que el esfuerzo de crear un superoído se produce en la fase simpática y la otitis se produce después, como consecuencia de ese esfuerzo, en la fase parasimpática.
  • Bueno, pero yo no estoy en peligro de muerte…
  • Efectivamente, y ahí está la importancia de ser consciente de los sentimientos, pensamientos y emociones que tienes, porque tú estás enviando unas ondas que en la naturaleza se identifican con peligro de muerte, aunque realmente no estés viviendo una situación así. Por lo tanto, si tú te pones a llorar desconsoladamente, tanto que incluso te falta el aire para respirar, da igual que el motivo sea que hayas tenido un mal día en el trabajo, una discusión con tu novio o que un depredador te esté persiguiendo: la onda de “peligro de muerte” es la misma.
  • Bueno, vale, entiendo que a Juan le duela el oído cuando me ve disgustada o me siente mal, pero a mi no me ha visto llorar…
  • Si tú eres capaz de tener la “intuición” de llamar a Juan cuando estás a 600 kilómetros, ¿crees que él dejará de recibir tus ondas por un simple tabique entre vosotros?
  • Ya veo… se siente una mal, viéndolo así.
  • Bueno, pero esto no es para que te sientas mal, ni para que te sientas culpable, sino para ser consciente de lo que vives: digamos que tienes que llorar en proporción a lo que estás viviendo, porque si lloras com si te fueras a morir, en Juan se activa el programa se supervivencia, que implica entre otras cosas ese dolor en el oído. Si tú eres consciente de esto, puedes serenarte y darte cuenta de que la situación no es tan grave; quizá hasta puedas hablarla con Juan, y hacerle a él consciente, también, de lo que cada uno vive. Así se le quitará también el dolor de oído cuando se suba a un avión. Si fuéramos conejos de verdad, esa onda de “peligro de muerte” que le envías a Juan sería fundamental para su superviviencia. Como no somos conejos y ya no tenemos esos peligros de muerte, tenemos que hacernos mas consciente de lo que tenemos dentro de nosotros, para evitar estas situaciones.
  • ¡Ahora lo entiendo perfectamente!

Y esto tan sencillo de comprender, y de evitar, es el motivo de muchas dolencias en los niños. Los niños son “altavoces” de los adultos, y a través de sus alteraciones nos envían señales de algo que los adultos necesitamos cambiar. ¿Es o no es fantástico el Método ECI?