Sistema nervioso autónomo o vegetativo: etimología

Cuando decidí escribir un artículo sobre el sistema nervioso autónomo, ya sabía que las palabras sistema y nervioso no iban a ser de gran importancia: un sistema nervioso es simplemente un conjunto de nervios, y nervio (del latín nervium) simplemente designa a la fibra que transmite impulsos motores o sensoriales entre distintas partes del cuerpo.

Pero la palabra autónomo si nos va a decir algo muy interesante: la palabra autónomo viene de la voz griega αυτόνομος, compuesta por αυτό- (auto), que significa propio, mismo; y νόμος (nomos), que significa ley. A su vez, la palabra νόμος procede del verbo νέμω (nemō), que significa repartir, distribuir, gobernar, tener en su poder… Es decir, la palabra autónomo significa que se gobierna por él mismo, independiente. O dicho de otra forma, que no atiende a leyes externas. Será importante, como veremos, tener muy en cuenta esta definición.

Puesto que a sistema nervioso autónomo (SNA) también se le conoce como sistema nervioso vegetativo (SNV), es interesante detenerse en esta palabra, que viene del latín vegetare (crecer) y el sufijo -tivo (que indica actividad), y significa relativo a germinar, crecer y multiplicarse las plantas. Toma ese nombre (mas adelante lo veremos) porque este sistema nervioso vegetativo se encarga de las funciones básicas que nos mantienen con vida (aunque sea como un vegetal, y de hecho, cuando vulgarmente decimos que alguien está en estado vegetativo nos referimos a que solo funcionan las funciones dirigidas por el sistema nervioso autónomo.

 

Sistema simpático y parasimpático: etimología

Además, puesto que el sistema nervioso autónomo está dividido en el sistema simpático y el sistema parasimpático (mas adelante abundaremos en ello) será importante detenerse en la etimología de la palabra simpático. Veámoslo: la palabra simpático proviene del griego, συμπαθήος, compuesto por los vocablos syn (συν), que significa con; y pathein (πάσχειν), que significa sentir, padecer. Es decir, simpático significa que siente con, que padece con. La palabra simpático tuvo su origen para referirse a quien actuaba por afinidad, por sentir igual que uno. Esto se aplicaba a personas, pero también en el ámbito de la salud se consideraba que había una simpatía entre cuerpo y mente, de forma que uno reflejaba los sentimientos o padecimientos del otro. La palabra resonancia, que la física cuántica emplea hoy para explicar procesos de vibración de energías y materias a través de otras es exactamente la misma acepción que tenía la palabra simpatía en su origen. En latín el término pasó a ser literal, sympathicus, y mantiene su sentido de sentir con, pero también se definía como el afecto natural que experimenta una persona respecto de otra, sentido que ha pasado a la actualidad. Tanto en Grecia como en Roma ya conocen la relación entre órganos simétricos, e indican que cuando uno de ellos padece una dolencia, la experimenta el otro también.

Algunas palabras de la familia de la simpatía son, por ejemplo: antipático (que siente en contra, lo contrario), apático (que no siente), telepatía (que siente lejos, desde la distancia), o parasimpático, una palabra importante también en este artículo porque nos referiremos al sistema nervioso parasimpático. Así, el prefijo para- quiere decir contra; es decir, es el sistema contrario al simpático, se opone a él.

 

Sistema nervioso autónomo: ubicación dentro del sistema nervioso

El sistema nervioso se divide en dos partes, el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico. Dentro del sistema nervioso periférico, está el sistema nervioso autónomo (SNA), también llamado vegetativo (SNV), que se divide en sistema nervioso simpáticosistema nervioso parasimpático. y sistema nervioso entérico. En este esquema se aprecia bien dónde nos situamos:

Esquema del sistema nervioso

 

Sistema nervioso autónomo: función

El sistema nervioso autónomo se encarga de controlar las funciones involuntarias de nuestros órganos, especialmente la frecuencia cardíaca, digestión, frecuencia respiratoria, presión arterial, salivación, sudoración, dilatación de las pupilas, micción, excitación sexual y la producción o no de muchas hormonas (testosterona, cortisol, adrenalina, acetilcolina…). Actúa de forma involuntaria y por tanto, incontrolable de forma consciente (por ejemplo, no podemos hacer que los vasos sanguíneos cambien de tamaño o que nuestro corazón lata más rápido, ni podemos sudar voluntariamente, o dilatar las pupilas, etcétera). Veamos de forma resumida las funciones específicas de sus subsistemas:

El sistema nervioso simpático es el encargado de preparar al organismo para afrontar una situación de estrés: nos activa y mantiene en estado de alerta (en la Naturaleza, una situación de estrés es básicamente una situación de lucha por la supervivencia).

El sistema nervioso parasimpático es responsable de las funciones corporales cuando estamos en reposo: nos ayuda a relajarnos y descansar.

El sistema nervioso entérico se encarga de controlar directamente el sistema gastrointestinal.

Nos centraremos en los sistemas simpático y parasimpático, los cuales vemos que funcionan en oposición natural, complementándose entre sí; estos son algunos ejemplos de funciones corporales gobernadas por el sistema nervioso autónomo

Funciones del sistema nervioso autónomo

 

 

Ejemplo de funcionamiento del sistema nervioso autónomo

Pensemos en un animal o persona atacado por un depredador: inmediatamente se activará el sistema simpático, lo que prepara al individuo para luchar o huir, enviando un mayor y mas rápido suministro de sangre a los músculos, para lo cual el corazón tendrá que latir a su máxima capacidad. El sujeto comenzará a sudar para liberar el calor corporal producido por la actividad corporal, y sus pulmones funcionarán con mayor intensidad para hacer llegar más oxígeno a la sangre. El sistema digestivo se detiene, lo mismo que la salivación y el deseo sexual; las pupilas se dilatan para ver con mayor claridad, y la producción de insulina se detendrá para que la glucosa proporcione energía rápida a determinados músculos y al cerebro. La activación del sistema simpático implica, por tanto, un mayor nivel de atención; el organismo y la psique entran en un estado de alerta.

Cuando el peligro desaparece, bien porque hayamos ganamos la lucha o por haber escapado, se ponen en marcha las funciones del sistema parasimpático: el individuo se tranquiliza, su frecuencia cardiaca desciende, las glándulas sudoríparas vuelven a su funcionamiento normal y los pulmones requieren menos oxígeno; el sistema digestivo, la salivación, la producción de insulina y la dilatación de las pupilas vuelve a su estado normal y el cuerpo “pedirá” un descanso para reponer fuerzas.

 

La importancia de la alternancia del sistema simpático y el parasimpático

Viendo esto, podemos deducir que en el funcionamiento normal del cuerpo el sistema simpático se activa durante el día y el sistema parasimpático durante la noche (esto está explicado de forma mucho mas detallada en este post que te recomiendo que leas). Es tan necesaria la alternancia entre ambos sistemas, que si viviéramos una situación tan estresante que mantuviera demasiado tiempo activo el sistema simpático, sin que entrase en funcionamiento el sistema parasimpático, se podría llegar a producir incluso la muerte por agotamiento; si no interviniera el sistema parasimpático para recuperarnos, se agotarían el corazón, la glucosa, y un sinfín de órganos y funciones corporales que nos llevarían a la muerte.

Y es que el sistema parasimpático, que entra en funcionamiento cuando nos relajamos (al no estar viviendo una situación de estrés o lucha) nos hace recuperar la energía perdida y arregla los posibles deterioros del organismo. Para ello, nos deja muchas funciones vitales al ralentí (por eso trabaja mientras descansamos y dormimos). Pero también podría ocurrir que, si por algún motivo lleváramos al extremo más exagerado el funcionamiento del sistema parasimpático, se produciría la muerte por inactividad: algunas funciones vitales del organismo quedarían tan ralentizadas o limitadas, que el corazón acabaría disminuyendo su frecuencia cardiaca y acabaríamos por dejar de respirar, y moriríamos por parada cardíaca.

El nervio vago es uno de los principales nervios del sistema parasimpático y estimula la actividad de estómago, páncreas, vesícula biliar, reduce los latidos cardiacos y contrae los bronquios (entre otras funciones); por eso los sintomas de un sistema parasimpático activado anormalmente se suelen somatizar en corazón, pulmones, estómago e higado y se llaman síntomas vagalescuadro vagal.

En esta imagen se muestra el ciclo normal del cuerpo humano, con la activación durante 12 horas diarias del sistema simpático (simpaticotonía) y otras 12 horas del sistema parasimpático (vagotonía, por la activación del nervio vago), lo que se conoce como normotonía.

Ritmo normal de la vida, alternando sistema simpático y parasimpático

 

El sistema nervioso autónomo y el estrés

Aunque la medicina tradicional observa una gran correlación entre las enfermedades y el sistema nervioso autónomo, muchas veces los investigadores dan por supuesto que la alteración del sistema vegetativo es una consecuencia mas de la enfermedad, en lugar efe plantearse la posibilidad contraria: que sea la alteración del ritmo normal entre el sistema simpático y el parasimpático lo que produce lo que llamamos las enfermedades. La etología, ciencia que estudia el comportamiento animal en su medio, y la epigenética, ciencia que estudia el la influencia del entorno en los genes, están resultando fundamentales; sin embargo, aun estamos empezando el camino para cambiar el paradigma de la lucha contra la enfermedad por considerarla una especie de lotería del dolor, y por consiguiente, tratarla con fármacos en vez de indagar en la raíz del dolor. Pero el camino ya está empezado, toda vez que la práctica totalidad de los médicos han declarado alguna vez al estrés como causante de una enfermedad. Eso nos lleva a hacernos mas preguntas: ¿qué es el estrés, mas que una respuesta del organismo ante una situación de riesgo acaecida en su vida?

Pues no es nada mas, porque incluso la Real Academia Española lo define así:

estrés

Del ingl. stress.

1. m. Tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves.

 

 

La medicina y el Método ECI frente a la enfermedad

Después de la definición anterior poco mas hay que decir. Pero si lo queremos ver resumido:

  1. La medicina convencional u oficial considera que la mayoría de las enfermedades nos ocurren por una especie de lotería del dolor que nos afecta aleatoriamente, sin sentido ni lógica; ante esa visión, es lógico que para recuperar la salud únicamente proponga atacar a la enfermedad y sus síntomas, principalmente con fármacos, a pesar de que estos puedan suponer (y de hecho suponen) muchos efectos secundarios adversos. Inevitablemente eso significa hacer daño o directamente, extirpar partes del cuerpo.
  2. El Método ECI considera que la enfermedad es una reacción de nuestro propio cuerpo para adaptarnos a una situación vivida y, una vez realizado un cambio o solucionada esa situación, nuestro estado natural de salud se recupera por si mismo. Esto se basa en esta breve explicación:

  • Una situación de estrés puede ser real o percibida, física, psicológica o emocional… todo depende de lo que cada persona asuma como riesgo o como dañino: para una persona, separarse de su pareja puede ser una situación muy estresante, pero para otra no; lo mismo ocurre con la pérdida de un trabajo, que un hijo salga de noche, el tráfico de una gran ciudad, una oleada de robos en el barrio, cruzarme por la calle con una persona de aspecto peligroso, tener una gran carga de trabajo que me sobrepasa, no creerme capaz de afrontar algunos de los retos que la vida nos pone delante… hay cientos de miles de ejemplos.
  • Ante una situación de estrés, el organismo origina una serie de reacciones con el objetivo de prepararse mejor para afrontarla, y salir airoso de ella, lo que supone numerosos cambios involuntarios en el organismo (como ya hemos visto antes, esto incluye segregación o no de ciertas hormonas y fluidos, mayor activación de ciertos órganos y menor de otros, etcétera).
  • El encargado de dar las órdenes para realizar esos cambios involuntarios en el organismo es el sistema nervioso autónomo, mediante los sistemas simpático y parasimpático.
  • Mientras se perciba la situación de riesgo o estrés, el sistema simpático estará anormalmente activo, para afrontar con garantías esa situación.
  • Cuando la situación de estrés o riesgo cese (o deje de ser percibida como un riesgo), el sistema parasimpático estará anormalmente activo, hasta recuperar al organismo del esfuerzo realizado durante la etapa anterior.
  • Cuando el organismo se recupera por completo de ese esfuerzo, el sistema nervioso autónomo vuelve a su funcionamiento normal.
  • Una vez que el sistema nervioso autónomo vuelve a su funcionamiento normal, la enfermedad ha desaparecido y la homeostasis del cuerpo, su equilibro, se restablece. Eso supone, obviamente, el restablecimiento de la salud.

 

El estrés como causa de toda enfermedad

El estrés como causa de toda enfermedad

 

 

¿Por qué la medicina convencional rechaza estas certezas?

Fundamentalmente por un motivo: la medicina convencional es un reflejo mas de la sociedad en que estamos, y vivimos en una sociedad basada en la ciencia, en la medición, en los parámetros objetivos, en la que todo debe poder ser comprobable o reproducible en un laboratorio. Por eso, muchas personas, antes de aceptar que una situación que no puede ser controlada en un laboratorio (por ejemplo, lo que supone para una persona el fallecimiento de un hijo) pueda desarrollar una enfermedad, prefieren creer que esa enfermedad es ocasionada por el azar o la mala suerte, la lotería del dolor. La poca atención de la medicina y la sociedad en general a parámetros no medibles como son los sentimientos o las emociones es la causa de que cada día aumenten las cifras de enfermedades. Esto es aun mas difícil de aceptar para la medicina porque un mismo hecho puede desarrollar un problema en una persona y en otra no, dependiendo de su forma de ver las cosas, lo cual es sumamente complicado de ver desde un punto de vista estrictamente científico.

Pero a esto se une otro hecho: el ritmo de vida de esta sociedad nos lleva a vivir de manera un tanto inconsciente, desconectados de la naturaleza y de nosotros mismos; vivimos pendientes del resultado inmediato, de la reacción de los demás, mirando muy poco hacia nuestro interior, hacia nosotros mismos y nuestros sentimientos. Eso añade una dificultad para averiguar qué hechos ocurridos en nuestra vida nos impactan negativamente. Esta dificultad se agrava por el hecho que supone tener que mirar hacia dentro y obligarnos a asumir cierta responsabilidad en nuestra vida para recuperar nuestra salud, lo cual nos hace preferir seguir confiando en la medicina y su lotería del dolor.

La medicina nos ofrece una venda para no mirarnos, y nosotros nos encargamos de ajustárnosla bien fuerte. Frente a esta opción, las excepciones están a la vista: aquellos que deciden mirar hacia dentro y confían en el método ECI toman las riendas de su vida, y recuperan por si mismos su salud.

 

Recuerda que si quieres saber mas sobre el sistema simpático y parasimpático y como nos afecta en las enfermedades, puedes leer este artículo muy interesante.